por Esteban Rocha
reseña sobre "Taguada" de Andrés Montero
“Por algún lado tenía que estar la huella, la estela que dejan las historias contadas de boca en boca, de tierra en tierra y de fuego en fuego. Esa huella estaba en la palabra, en las voces que me hablaron a lo largo y ancho de la historia de Chile y que reescribo ahora siguiendo el recuerdo de su canto…esa huella estaba en la voz y en la memoria, y también en lo supuesto, lo imaginado y lo deseado, como en todas las historias que vale la pena volver a contar.”
Es difícil establecer los límites de un mito, hasta donde llega su repercusión, su alcance e influencia. Todas y todos al cuestionarnos qué entendemos por mito podríamos dar algún ejemplo: El mito de la creación bíblica, la lucha de las gigantescas serpientes Trentren Vilu y Caicai Vilu, el panteón griego guiando a los hombres en sus trágicos destinos, el Popol Vuh, la creación del mundo por Wiracocha, entre muchos otros. Mientras muchas personas pueden considerar el mito un discurso para explicar los orígenes de la civilización, hay quienes ven en ellos una verdad fundamental que escapa de las explicaciones más racionales y no descartan que hayan sucedido de alguna u otra forma. Entonces la pregunta que queda es ¿Cómo nace un mito?
En “Taguada”, novela del escritor chileno Andrés Montero, el narrador nos lleva en un viaje a los orígenes de un mito. Y no cualquier mito sino uno que su autor considera el primer mito chileno: El duelo de payadores entre el mulato Taguada y el hacendado Javier de la Rosa en una noche de San Juan, contrapunto que se dice duró 96 horas.
Andrés Montero es una de las voces más destacadas de la narrativa chilena en la actualidad. Con cuatro novelas publicadas desde el año 2016, Taguada llega a Librería Imaginaria en una nueva edición de La Pollera. Publicada originalmente en 2019, esta reedición ha pasado por un proceso de reescritura del autor y contiene los elementos que tanto han destacado en sus novelas “Tony Ninguno”, “La muerte viene estilando” y “El año en que hablamos con el mar”: una prosa cuidada y dinámica, descripciones de la vida fuera del fragor de la ciudad, personajes entrañables y situaciones inesperadas pero por sobre todo, un elogio a la narración oral. Montero en cada una de sus novelas reivindica y resignifica la narración oral como un acto social puramente creador que tanto crea historias como forma comunidad. El autor nos llama a vivir la literatura en cada espacio del día a día y a reencontrarla en la magia de la cotidianidad, de la conversación, de la escucha.
Y este es un tema fundamental de Taguada, pues la creación de un mito, del primer mito chileno en este caso, se cimentó en la oralidad, en el acto de compartir historias junto a un fuego, generación tras generación. Al comienzo de la novela el narrador relata cómo se enteró del mito y como quiso averiguar más del mismo llegando a hablar incluso con Nicanor Parra. Pero el lector no debe dejar engañarse pensando que tiene en sus manos una novela autobiográfica porque en ese momento comienza el verdadero viaje: el narrador nos lleva a través de la historia del país, cada vez más hacia el pasado, en una serie de entrevistas inverosímiles que transforman el texto casi en un thriller policial ¿Qué pasó realmente en ese duelo de payadores la noche de San Juan de 1830 en San Vicente de Tagua Tagua?
En esta serie de entrevistas el narrador visita Chile en tiempos de la Reforma Agraria, habla con curas migrantes, escritores de la Lira Popular, soldados que estuvieron en la Guerra del Pacífico, hacendados de cuando aún no se había desecado la laguna Tagua Tagua, brujas y sepultureros. De esta forma Montero va buscando los orígenes del mito siguiendo la huella, cada hebra de un telar que se encuentra en la viva palabra de las personas que entrevista a lo largo de casi 190 años. Una especie de novela puzzle que podría recordar a “Los Detectives Salvajes” de Roberto Bolaño en la intención de su estructura y en la que el lector juega un papel fundamental en unir todas las pistas de la historia.
En síntesis Taguada de Andrés Montero es una novela muy recomendable si te han gustado los otros textos del escritor, una nueva defensa del acto de contar historias pues como dice el narrador “cuento, porque hay historias que no se pueden perder…yendo de voz en voz…historias que viajan y se acomodan y se acurrucan en la voz de los que, ahora, sabrán hacerlas suyas”.